1/12/09
Nada es más atroz que la pérdida de la ilusión. Mi amiga de leche me enseñó a escribir cartas. Ella me preguntaba cada vez cosas más abstractas. Desde hace mucho tiempo me interesa el juego. Anoche tuve un sueño que me da cierta rabia. He borrado cientos de páginas, cientos de ilusiones, quizás el mismo sentimiento. Delete. Delete. Estoy feliz, estoy en blanco, estoy en cero. Curioso que he dejado sólo las formalidades, aquellas cosas por las que Hacienda me podría confundir. Me cae tan mal Hacienda. Y las mejores cartas son de Él. De aquellos días en los que estaba profundamente en un cuento de hadas, entre la voz de un sátiro o de un escritor coqueto, gramaticalmente provocativo, físicamente equivocado. No era lo que mis sentidos pedían. Óigame: quiero dejar de ver detrás del escaparate. Ya no le hablaré nunca más de Usted. Ya soy más grande. Ya soy menos chiquilla, menos berrinchuda, menos original, más voluntariosa, menos sentimental, menos llorona, menos preocupona, más irresponsable. Me alejo cada vez más de cualquier compromiso con lo eterno. Ese maestro realmente me arrojó a la ficción, por eso sólo sus cartas están más allá de este delete. Delete. Sonrió y puedo ser una ninfa en el bosque de su imaginación, una mujer detrás de los ojos que ven indirectamente hacía mi blusa, un no-ser frente a la pregunta que no quiero hacer, un personaje más en cualquier historia. Quiero dejar los juegos. Quiero el devenir completo.