1/23/09

Arte y tiempo ( hace 4 años)

Estaba pensando con obsesión una manera de definir las propuestas artísticas contemporáneas. Había pensado que entre la obscenidad inclasificable tenía que haber propuestas, tendencias. Hoy en día cada artista se cree tan original, sin ninguna deuda con lo clásico, sin ningún deber con lo bien hecho y mucho menos con reglas estéticas de composición como el equilibrio o la armonía de formas y tonos, que me propuse indagar.
Me parece que la arquitectura ha sido el arte que más ha conservado la cordura y eso porque la ingeniería siempre se lo va a exigir y porque los presupuestos no permitirán jamás que se hagan edificios inútiles o ciudades para nada; su asentamiento sobre la tierra le ha permitido evolucionar en diversos estilos sin jamás caer en utopías, es un arte real, un arte cercano, duradero, también susceptible a la caducidad de su estilo pero jamás de su esencia. El cine, por su parte, visto en su principio con bastante recelo junto con la fotografía, ha diversificado sus estilos, estimulando las escenas más morbosas hasta los efectos visuales más impactantes de este siglo y de las últimas décadas del siglo XX. El cine además, es un arte multidisciplinario que tiene en sus manos la posibilidad de ofrecer un buen espectáculo, una buena historia y buenas actuaciones, es el arte más ficticio y más real de todos.
En el lado exactamente opuesto pero no distante se encuentra la pintura, la fotografía, la literatura, la escultura y el teatro. Bien pido una disculpa por mi ignorancia, porque no es bueno abusar de ella y mucho menos lucirla, así también con ello expongo mi limitado campo de apreciación geográfica, pero honestamente todo lo que he visto sobre estos artes y que se ha hecho últimamente con afanes “vanguardistas” es una franca porquería.
No hablaré de la literatura local porque eso sería hablar demasiado cerca de mí. No diré nada de los premios nacionales de la literatura porque se convertiría en una queja contra los estímulos que muchos escritores necesitan, que pocos ganan y que cuando ganan lo hacen demostrando que ese premio es una excusa para hacer curriculum y por otro lado es la forma en que el gobierno justifica la destinación de ciertos recursos para el apoyo del “arte”.
Sin embargo si puedo decir que pintura, fotografía, escultura y teatro son un reflejo de la improvisación y la falta de educación artística. Digo educación en el sentido de que hoy en día los artistas se revelan contra la estética y a cambio producen “antiestéticas” incapaces de estimular un sentimiento de confort o reflexión (ya no digamos de belleza porque no creen en ella). He presenciado como danzantes y actores de teatro defienden su subjetividad y libertad de expresión contra el método, la seriedad y la profundización del pensamiento artístico. Ha sido bochornoso. He vivido de cerca como la terquedad subjetiva con afanes de originalidad y presencia en primera plana acaban con ideas de trabajo colectivo o con frutos de trabajo artístico e intelectual colectivo. Una vergüenza.
El temor a la exploración de las múltiples posibilidades de un sólo proyecto, o simplemente la falta de respeto que tienen muchos artistas al hacer un trabajo para sí mismos sin pensar mínimamente en comunicar su trabajo aun cuando están en escena publica es también lo exactamente opuesto pero no distante de lo que desde los 70s se ha llamado “arte acción” o “performance”. El performance es un afán desesperado de comunicarse con el público. Es muchas veces una falta de respeto hacia la sensibilidad del espectador, re- produciendo actos de violencia, escenas morbosas y sin sentido, indumentaria sado-masoquista, acciones snaff y cosas por el estilo de exhibicionismo, con el fin de mostrar la vulnerabilidad del cuerpo o una protesta contra aquello que los mismos artistas mismos presentan. Definitivamente no estoy de acuerdo con la idea de exponer al cuerpo como un pedazo de carne enajenada por el arte. El cuerpo es, ha sido y siempre será una obra de arte por sí mismo tal como es en su salud y armonía. A mi me parece que gran parte del performance es producto de nuestra esquizofrenia colectiva, es una manera de esforzarse equivocadamente por mostrar nuestra bestialidad humana.
Sin embargo de este arte conceptual hay algunas ideas que si podría rescatar sin olvidar que son imprecisas y que carecen de creatividad en su forma de presentarse. Ideas que podrían aprovecharse para un mejor desenvolvimiento de este mismo arte. Una de ellas es que el performance tiene la capacidad de provocar shock en el espectador. Por ser un arte vivencial y relacional, es directo, y puede ser muy preciso en la comunicación de mensajes. La escultura, cercana al performance y transformada continuamente en arte instalación se ha vuelto un arte lúdico las más de las veces, lo cual evidencia como nuestra sociedad si bien ha acrecentado la idea de globalización y turismo, los alcances de éste se limitan a pocas personas comparativamente con quienes no accedemos al turismo por cuestiones económicas. Por ello, el arte instalación o el arte interactivo es una manera que puede conllevar a experiencias novedosas en el sentido lúdico. La fotografía y la pintura, por su parte, son un campo siempre florido para presentar buenas imágenes o pésimas. Por ahora no puedo olvidar la conmoción que me causa la gran difusión cultural que significa el hacer revistas sobre la naturaleza o documentales sobre culturas del otro lado del mundo. Si bien es una fotografía (y video) que se apega a las normas de la composición tradicional, no puedo evitar ser fanática de la fotografía. La pintura desde mi percepción, se ha vuelto un campo inexpresivo porque no presenta las mismas competencias que las nuevas artes visuales (proyección electrónica, animaciones 3d, simulación, digitalización, videoización, etc.); mas no por ello es imposible ignorar que los collages y la pintura en vivo han impregnado la pintura, aspectos que a mi parecer adelgazan la fuerza de su propuesta, pues da la impresión de que el artista teme también dominar la técnica de la pintura. El teatro, por su parte, posee muchas limitaciones en términos económicas, creo que es un arte mucho más celoso y orgulloso de sí mismo, pues aunque del teatro ha surgido principalmente el performance, jamás ha abandonado su utopía, por lo menos compartida por los actores de México: trabajar por amor al arte y hacer buenas producciones que transformen la conciencia del espectador. En teatro, es más difícil caer en actos de esnobismo o prolongaciones por el estilo, se convertiría en una tortura. La posibilidad efímera ha sido pues, y quizás seguirá siendo, la mayor permisibilidad que podrá darse el performance. Algo que es un alivio, por una parte y por otra representa su limitado alcance (aunque tengo que confesar que aun no puedo olvidar el shock enfermizo que me provocaron las horribles imágenes de un pseudovideo de performance que encontré en you-tube, hechas por una artista conocida y reconocida en México) o el buen sabor de boca que puede dejar un instante. Así también, no puedo dejar de mencionar que el mal arte sólo también es un síntoma que refleja nuestra realidad social como país tercermundista. Mientras en Europa y EU se hacen grandes producciones con grandes becas y los artistas de una manera más frecuente tienen a su alcance medios electrónicos y herramientas, aumenta la probabilidad de que experimenten en lo que a técnica y arte se refiere, así como entre educación artística y producción. Pero eso, claro, no debe ser un pretexto, aunque si se viva mejor y se sean más creativo con el estomago contento.
En cuanto a la música, arte que he dejado intencionalmente al final, no puedo decir nada más, pues hay tanto ruido actualmente. Ni para mi madre, quien no sabe nada de música, puede pasar desapercibido el hecho. Sin embargo la música es diversa, voluble, sorpresiva, es el arte que seguirá existiendo aunque los medios para producirla sean escasos. Nunca habrá un buen pretexto ni nos será tan fácil evadir el sonido ni el trance que provoca el lapso de una buena canción. La música guarda la conexión entre cuerpo y espíritu, acerca nuestro cuerpo al instrumento y a la danza, la melodía a nuestra mente y nuestra absoluta subjetividad sin necesidad de ridiculizar nuestros instintos.

Con todo lo anterior, no descarto la posibilidad de que mis sentidos extrañan viejos estímulos y que quizás yo, aunque tenga 24 ya no soy de éste siglo, aprendí lo que sé de arte pensando que el arte es bello, crecí pensando y buscando la belleza, imaginando artistas dispuestos a trastocar su espíritu con lo sublime. Es natural que hoy me decepcione ese afán por lo antiestético y que sólo pueda justificarlo como una buena idea (que aun no he presenciado objetivada ni personificada en el arte ni el artista de performance). Pero como filósofa siento que tengo el deber de trastornar mis sentidos para comprender un poco más y mejor a quienes sólo son semejantes a mí.