10/14/07

Hace tiempo que no sentía a mi ser en medio de toda la existencia, estrellado en el abrazo más fútil y diáfano. Me había olvidado de la crueldad de la materia, de la carne, del sexo: la objetivación de mi ser aquí, amante, amorosa, niña, pendeja. No había razones para ponerme en evidencia ni decidir descuidarme de mi propia mascara, este yo. La pequeña esteta que no reniega de su condición, la que admira la belleza y como un perro babea trazando hilos de estupefacción. Ella.
Descubriendo que la literatura despierta toda mi histeria y enciende toda mi magia negra. Que los cuentos... La poesía, las mentiras, el simulacro, el engaño, la insensibilidad de estrella, esa añoranza de lejanía y amor.

Pero nada puede ser tan bello que me impida volver a la frialdad. ¡Puta madre! No, nada era real.