Estos días había pretendido seducir la esencia femenina de un hombre. No lo descubrí. Él sigue teniendo secretos. Secretos que se han vuelto vulgares como los de una mujer tonta, incapaz de percibir la pasión con la que se le piensa. Había sumergidome en narraciones infinitas, tratando de apoderarme de todos los cuentos, había inventadole fantasmas que evocar y consumido mi esencia como alas de abeja.
Tendría que aceptar que todo fue inútil y luego llorar.
Pero no.
Estos días, por azar tambien encontré la risa exquisita que me hizo aburrirme y romperlo todo. Maldito espejismo (pronuncié satisfecha).
Infeliz tormento. Ahora y a destiempo... cada vez que vuelvo a reir.
No ha dejado de llover en cada vidrio seco.