6/9/09

Fortaleza

Sobre el ser y mi razón:

No creo en los duendes ni en las hadas ni en lo eterno ni en la magia.

No creo en la metafísica ni en la filosofía ni en el lenguaje masturbador retórico ni abstracto.

No me gustan los juicios ni los prejuicios porque son para gente burra.

Mi instinto es mi lógica. Para mi, Parménides y Heráclito dijeron lo mismo sobre el ser: “el ser es” y “el ser es y no es”. Aristóteles lo dijo de la forma en que me gusta recordarlo: “El ser es y es imposible que no sea”. Eso lo digo a menudo para callar. Y entiendo también lo contrario: “El no-ser es imposible que sea”. Y en esto no hay medida, no hay superioridad, no hay escala, sólo ser y no-ser; no se pueden penetrar pero están juntos y eso es el devenir.

Mi razón tiene límites y entre algunas de las cosas que más deseo en la vida está morir. Porque como dijo Sartre: La existencia precede a la esencia. No me interesa lo divino lo inmortal ni nada más allá del silencio. Con Wittgenstein esto queda completo: “Los limites de mi mundo son los límites de mi lenguaje” y “Sobre lo que no se puede hablar lo mejor es callar”. Kant ya había aceptado el infinito y nunca quiso hablar del él. Por eso Kant es de mis filósofos favoritos.

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Fortaleza


La fortaleza moral sólo puede ser filosófica. La filosofía es fuerza y no debe jamás confundirse con debilidad. Ningún filósofo debería dejarse amedentrar por la miseria de la ilusión. El poder de la ilusión radica en que no estamos solos y todos alimentamos las mismas imágenes sobre el mundo y la existencia. El filósofo debe ser fuerte aunque eso se pague con vacío y soledad. Nietzsche lo explicó cuando habló del Superhombre, un ser solitario, único, asesino y fuerte. Ahora hace falta vivirlo.

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PD: Odio a Nietzsche.