Hay hombres que toman un avión y vuelan. Y hay hombres que saben volar porque son pájaros o pegasos... Ambos son fugaces, el primero se va buscando magia y los segundos son mágicos.
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La libertad tiene sus paradojas. Un hombre verdaderamente libre puede desear la muerte en la guerra, en lugar de una jaula. Tanto como un hombre verdaderamente libre puede ser un desertor del sentido común que lo amenaza. Y ¿quién sabe cuántas guerras son reales? ¿cuántos sentidos?
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No lo sé, pero a mi me gustan esos hombres que saben volar, que con sus manos saben tocar la tierra y con sus brazos, el espiritu... Esos hombres que con una mirada o una sonrisa pueden estetizar todo la metafísica de un cuerpo. Su presencia es etérea, pero intensa, inmediata.