2/11/07

No he visto científico social más feliz que el sociólogo. Está dispuesto a tomar de todas las disciplinas lo necesario para explicar su objeto de estudio. Contrario a los demás investigadores, parece no tener secretos, se mantiene en la complejidad, sin ninguna esencia posible, sin ningún principio, entusiasmado mejor que ninguno: superficial e ingenuo, lleno (a) de sentido; gana todos los recursos, las becas, es bien recibido en los espacios públicos. Es el obrero de las ciencias sociales.
Mientras, historiadores, antropólogos, filósofos, psicólogos…, los pretendientes de la razón apasionada siguen intimando su arrogancia. Murmurando, como unos fresas.