1/29/07

Sobre las cartas eróticas:
I
Las mejores cartas intelectuales siempre son eróticas. Incluyendo la educación y la amistad: siempre es genial si es erótica.
II
Por si solas, las cartas intelectuales suelen ser consultas, difícilmente diálogos. Mientras que las cartas eróticas suelen ser pornométricas.
III
La pasión gramatical enardece: es compañía de conciencia. Por lo tanto, el amante gramatical casi siempre es un voyeur textual.
IV
Ser compañero de conciencia implica coincidencias en el tiempo: desdoblamientos en el espacio.
V
Detrás del amante-amigo siempre está el rival más secreto y mordaz, el más bienvenido; el que se ha ido sin perplejidad. Ese otro que no sabe cómo poseernos.
VI
La monogamia textual es la intensidad erótica por una historia, un concepto, una vida, un aleph. Esta corresponde al amante monógamo textual.
Un texto sin órganos es un montón de fascinaciones infinitas, y corresponde al amante sin órganos.
VII
Las cartas eróticas se terminan donde empieza la moral, esa realidad. Donde se mide la distancia y la metáfora. Casi siempre es cansancio gramatical. Cambios de tema y estilo. Nada personal.
VIII
El deseo es inconcluso, pero no suele regresar a un mismo estilo.
IX
Es prudente desconfiar de quienes no gustan, no desean, ni acostumbran escribir cartas, lejos de saber -o no-. Su erotismo es muy simple. Casi siempre, ególatra, fonocentrista. Cercano a lo vertical.