---Tengo una alumna zen, pero ella no lo sabe. Sólo baila y se desvela. Llega tarde y nunca hace las tareas.
Tengo tambien algunos otros espejos, unos reniegan más, otros menos; algunos cometen el descaro de dormir mientras hablo, se resisten: la filosofía es tan aburrida, sus cuerpos lo saben. Pero algunos otros comienzan a sospechar, y en cada clase estan listos para contradecirme. Esos me encantan, son los peores, ningún maestro los quiere, me ofrecen raite y me sonrien en la salida, me ruegan que no los repruebe y me ofrecen pizza. Se niegan y se arrojan: "Ay no maestra" -dicen.
Pero siempre regresan.
Pero siempre regresan.