Para José Alfredo ser Rey equivalía a una cosa muy distinta de lo que podemos entender ahora desde nuestra perspectiva pobrementente democrática; y fundamentadamente mal monárquica:
No tengo trono ni reina
Ni nadie que me mantenga
Pero sigo siendo el rey
Ni poder legitimo, ni monogamia legitima, ni pago ilegitimo de impuestos. Ser Rey es voluntad de poder similar a como lo entendían Nietzsche y Schopenhauer:
Con dinero y sin dinero
Hago siempre lo que quiero
Y mi palabra es la ley
La “palabra” del rey es quizás “parole” antes que lengua; es jugar con las reglas, es ese dialogo interior que crea mundos...es aliento.
¿Pero sigo siendo el rey?
Yo sé bien que estoy afuera,
Pero el día que yo me muera
se que tendrás que llorar.
El Rey es un trotamundos antes que el esclavo de un palacio. El Rey es un vagabundo: no tiene casa.
Dirás que no me quisiste
Pero vas a estar muy triste
Y así te vas a quedar
Si el Rey es negado incluso después de su muerte, eso lo consolida como Rey: ser aire, ser polvo, ser nada. Ser Rey es saber, sapere, de esas cosas simples, simples tan simples que dan risa: Un titulo, un nombre, una esencia.
*
La memoria duele.
Duele.